Biosensibilidad ambiental. Más que nunca las jóvenes generaciones son conscientes de su sensibilidad  por el medio ambiente y de su responsabilidad en la contaminación creciente.

Por fin, después de años de indiferencia, la protección de lo “vivo” se convierte en tema candente para  los medios. Es necesario un esfuerzo colectivo para que cada uno de nosotros pueda, según sus posiblidades y capacidades, modificar su visión del mundo y su comportamiento para lograr un planeta menos contaminado y desarrollar una voluntad de reparación y de reestructuración.

No nos equivoquemos, esto necesitará un trabajo plurigeneracional. Ahora es el momento de hacer algo para que nuestros descendientes puedan continuar, a su vez, este trabajo ecobiológico y así limitar los daños para los siglos venideros.

La ecobiología es, ante todo, un estado de espíritu vinculado al respeto del medio ambiente y a la sensibilidad que nos anima por intermedio de la observación de lo Vivo.

La geobiología es una disciplina cuyo  destino es poner en práctica lo que acabamos de expresar. En el diccionario Tesoro de la lengua francesa, publicado por el Centro de Investigation científica en 1981, se da la definición siguiente: “Geobiología: ciencia que estudia las relaciones de la evolución cósmica y geológica del planeta con las condiciones de origen, de composición físico química y la evolución de la materia viva y de los organismos que constituye”.

Como podemos darnos cuenta, el campo de investigación es muy extenso y suelo decir que la geobiología es un aglomerante de las disciplinas que estudian lo Vivo.

Personalmente he desarrollado, desde los años 80, un concepto que permite hacer una evaluación de las relaciones que existen entre la Tierra y la Biosfera. He elegido el término biosfera porque es el más adecuado a nivel dimensional, del Hombre.

Según J.B. Lamark, creador del término Biosfera, luego Suess (1875) y a su continuación Verdnasky (1929), la biosfera indica las regiones del planeta, constituidas por el conjunto de los ecosistemas, o sea el conjunto de los seres vivos, vegetales ,animales y microorganismos, así como los elementos del medio en el cual se efectúan los intercambios de energías y de materia, que permiten y caracterizan su funcionamiento.

Esta constatación toma en cuenta los intercambios de los seres vivos con los componentes fisicoquímicos del medio ambiente.

La biosfera representa una masa ínfima a escala del Planeta Tierra, ya que es en promedio trescientas veces mas pequeña que la de la atmósfera. Pero esta interfase, por su composición y su actividad fisicoquímica, tiene una característica única: la de dar la Vida, la posibilidad de desarrollarse permanentemente. Es en una fina capa del espacio terrestre en que vive el Hombre, totalmente sumergido en los intercambios que se desarrollan entre la Tierra y el sistema solar, en el cual el Sol desempeña un papel considerable de genitor biótico. (generador de vida)

Pero la biosfera es en realidad un subconjunto de un sistema global que se llama la ecosfera.

La tierra posee en relación con el Sol, que le suministra sus radiaciones, fuente de toda la vida, una dinámica generada por su sistema de rotación, que a su vez determina en su superficie una heterogeneidad, a la vez espacial y temporal, que interviene plenamente en los factores del ambiente.

El ritmo cotidiano de los días y noches está vinculado a la rotación de la Tierra alrededor del eje de sus polos. Las variaciones estacionales dependen del ángulo (inclinación) resultante entre este eje y el plano determinado por su rotación alrededor del Sol (eclíptico).

Los parámetros vinculados a la vibración mecánica del globo terrestre durante su rotación (fuerzas de Coriolis) intervienen bastante sobre las masas de agua y de aire y crean desviaciones de movimientos, hacia la derecha en el hemisferio norte y hacia la izquierda en el hemisferio sur. Recordemos que la fuerza de Coriolis es nula a nivel del ecuador  y aumenta con relación a la latitud para volverse máxima en los polos.

A todo este séquito de situaciones variables en el tiempo y sobre el conjunto del planeta, se adjuntan las variaciones de las posiciones de las salidas y puestas del Sol, así como las alturas solares y las inclinaciones de los rayos del Sol que varían en relación con la latitud.

Las radiaciones solares recibidas por la Tierra son modificadas  permanentemente por estas variaciones y diferencias, cuyas interacciones actúan sobre las lluvias, los vientos, la humedad del aire, la temperatura, los intercambios eléctricos naturales etc, lo que significa que existen, en las distintas regiones del globo, climas variopintos dominados por las fluctuaciones de los promedios estacionales  y totalmente relacionados a los principales factores del entorno, tal como la situación geográfica, la estructura geológica y las características geofísicas.

Los parámetros de análisis son muy numerosos, la tecnología actual es capaz de determinar y cuantificar muchos de ellos. Todos estos aparatos demandan una verdadera competencia, una formación técnica específica y, sobre todo, son carísimos. Son materiales concebidos para especialistas e investigadores.

En lo que atañe a lo nuestro, nos importa ser capaces de apreciar la relación Tierra/Bioesfera y poder evaluarla, ya que esta evaluación nos informa sobre el valor biótico del lugar en el que estamos.

El valor biótico indica la capacidad de desarrollo de la Vida en un lugar dado.

Para obtener estas indicaciones recurrimos al método “Biosensible”.

Desde el comienzo de la humanidad, el ser humano ha  intentado, con más o menos éxito, desarrollar su propia sensibilidad y su percepción vinculada al ambiente en el que vive y hemos convenido llamar  a este estado “Biosensibilidad”.

Biosensibilidad

La “Biosensibilidad” es un término creado por Raymond Montercy y Valerie Cusset en 1992, y significa: “cualidad natural, común a todo ser vivo, que le da la capacidad de percibir de forma sensible las interrelaciones sutiles con su entorno inmediato, por medio de su comportamiento psicosensorial”.

Para desarrollar esta capacidad psicosensorial, simplemente hay que entrenarse. Desde su nacimiento, algunos individuos son dotados de esta posibilidad, los otros podrán adquirirla por la práctica de la detección biosensible.

Existen muchos instrumentos de ayuda en este campo, pero nosotros preferimos trabajar con los sistemas de antenas tipo “rod-masters” o con la antena de “Lecher”.

Recordemos que el aparato racional permite obtener una medida, lo mas exacta posible, en relación con los datos de la física racional y de un protocolo muy preciso. Sin embargo, el resultado depende del operador y de su competencia.

El aparato biosensible permite obtener una horquilla de evaluación de un fenómeno y situarlo. En ningún caso es una medida “estricto sensu”, es una constatación con una tolerancia que depende de la capacidad del operador, de la gestión de su sensibilidad en el momento en que efectúa la operación y de un protocolo elegido que permitirá establecer analógicamente una escala de medida relativa.

En realidad, el método biosensible debería ser utilizado sólo cuando el aparato racional no puede intervenir.

Ejemplo: es aberrante evaluar el valor de una toma de tierra con las antenas (rod-masters) mientras existen medidores específicos y asequibles adaptados a este tipo de medición. Esto es aún más patente cuando sabemos que detectar con el método biosensible en una zona afectada por un campo eléctrico, nos lleva indefectiblemente a errores de apreciación, ya que el campo eléctrico modifica en un primer tiempo las características biofísicas del operador y en consecuencia su comportamiento psicosensorial.

Lo hemos mencionado anteriormente, el ser humano se sitúa de forma particular en el contexto Tierra/Biosfera. Nuestros pies están en contacto con la Tierra, según donde nos encontremos los intercambios son diferentes, por la geología local y también por la interacción de fuentes eléctricas tecnológicas, campos eletromagnéticos, antenas, etc…

Todos estos criterios hacen que variemos permanentemente en nuestra receptividad en relación con el entorno inmediato, y esto la mayoría de las veces sin que nos demos cuenta.

Los procedimientos y los aparatos de detección, nos permiten tomar conciencia de estados particulares del medio ambiente.

Principio y metodología de la biosensibilidad aplicada a la detección   

Nuestros trabajos de aplicación a la detección se efectúan con las antenas sensibles llamadas “Rod-Masters”, hemos elegido esta tecnología porque el aprendizaje es rápido, muy sensible y muy rico en cuanto a las informaciones recogidas.

Es posible emplear el péndulo, pero hemos constatado a lo largo del tiempo una falta de fiabilidad.

Recordemos que la calidad y el valor de la señal detectada, dependen esencialmente de las características del operador en el momento de la detección y más aún, de la interpretación de las constataciones de la situación.

Para efectuar una medición correcta de los intercambios Tierra/Bioesfera, es aconsejable trabajar sobre todo por la mañana cuando sube el Sol, o sea 1 hora después de la salida del Sol hasta el mediodía solar.

La detección es más rápida, más franca y sobre todo menos agobiante, después del mediodía solar la detección es también menos sensible.

Este tipo de detección que llamamos “Ambiente” es la resultante de la relación existente entre la Tierra y la Biosfera.

Recibimos del cosmos una gran cantidad de emisiones diversas de partículas y frecuencias, que penetran en la atmósfera y algunas llegan hasta la tierra. Estos bombardeos de rayos cósmicos y otros, varían según las condiciones solares, pero globalmente permanecen constantes y se enfrentan a las características del suelo terrestre.

Los intercambios pueden variar muy rápidamente sobre distancias cortas, siendo condicionados por la geología local, la hidrología subterránea, las fallas del terreno, los vegetales, las construcciones según su implantación y orientación, las líneas eléctricas, los transformadores, las antenas de repetidores, etc…

1.-  Sobre más de un millar de mediciones, hemos notado que cuando el telurismo de un lugar, o su tecnología, son muy activos, esta situación tiende a frenar la actividad de los intercambios, y por consiguiente el valor de la relación Tierra/Biosfera.

Son lugares donde uno se siente pesado, lugares con dominante Tierra.

Muy a menudo esta sensación se sitúa a nivel de piernas o de plexo solar dependiendo de los individuos y pueden a veces ocasionar jaquecas (reacción hepática), estos comportamientos psico-fisiológicos pueden generar irritación, hasta agresividad, pesimismo, o estados depresivos según el terreno y el temperamento de los ocupantes del lugar.

Con las antenas en las manos, durante el desplazamiento de indagación, el movimiento se hace automáticamente hacia el interior, decimos que “cierran”, esto corresponde a un defecto o falta en cuanto a los intercambios (fig. 1) que se ven sometidos a una dinámica inestable.

2.-  Cuando el ambiente es correcto, o sea cuando la relación Tierra/Biosfera se encuentra en un estado de equilibrio dinámico, resulta un estado de armonía, esta condición favorece el desarrollo de lo “vivo”, estamos en presencia de un estado Biótico.

Se trata de lugares donde tenemos ganas de estar, de descansar, lugares de paz y serenidad.

En estas condiciones las antenas se posicionan en ligera apertura, ( 0* a 15*)  nos encontramos en presencia de un estado armónico (fig.2).

3.-  El tercer estado concierne el exceso, vinculado a las emisiones cósmicas. Esto se manifiesta por una debilidad de carácter variable de la actividad terrestre, en relación con las estructuras geológicas y las condiciones tecnológicas del medio ambiente.

Dicho de otra forma, las características locales de la tierra se oponen poco a las emisiones provenientes de la biosfera, en este caso constatamos un exceso (fig.3) .

La observación muestra que los ritmos de vida, en este caso, se encuentran más afectados a nivel de la psiquis que a nivel físico. Los individuos funcionan más en ciclotimia, o sea en inestabilidad, optimismo en exceso y pesimismo se siguen y crean un cierto malestar.

En este caso de detección, constatamos que las antenas se abren a veces hasta 180*, felizmente este caso es raro.

Raymond Montercy ha sido ingeniero electrotécnico en el CERN, en Suiza.

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